Si quiero escribir seguido, debo leer más.
Hoy empecé a leer un nuevo libro: ARDE LA VIDA, de Magalí Tajes. Voy por la página 39 y ya es un viaje de esplendor. La contra tapa del libro no miente: "Arde la Vida es un abrazo a tiempo". Y puedo sentir ese cálido abrazo desde las primeras páginas... O será que me gusta tanto la autora que ya empiezo a leer con una emoción mágica.
En mi blog existe la etiqueta "Ezequiel" en donde están las entradas relacionadas con Él.
Debería dejar de existir esa etiqueta... porque en casi cada entrada hablo de él. Y lamento decepcionarlos, pero lo seguiré haciendo.
Ezequiel quedó marcado en mi alma, al igual que en mi piel. Incluso desde antes de conocernos físicamente, ya estaba marcado en mi piel. Y él conoció esa marca física que tengo desde los 15 años, que no se borra más.
El fuego inextinguible que encendió su piel en la mía, no me la va a poder quitar nadie, jamás. Ni aunque me borrasen la memoria. Está ahí, en mis células, en mi alma rota.
Ezequiel, si tan sólo tuvieras acceso a mi blog, si estuvieras leyendo esto, (dependiendo de tu estado de ánimo actual) ya me imagino las diversas emociones que deben estar rondando por tu pecho. Una de ellas sería el orgullo; Hay que admitirlo, ¿a quién no le alimenta el ego el que una persona esté tan locamente obsesionada con uno? es como tener una fan incondicional, alentándote, amándote.
Por otro lado, sentirías hastío. Hartarte de tanta obsesión. Te enferma ver a alguien así, te cansa. Por eso dejaste que te deje. Porque más que amor, es obsesión. ¿No?
Pero también entendés por qué, entendés todo lo que te estoy diciendo, todo lo que estoy sintiendo, porque sé que sentís lo mismo... O quiero creer eso. Quiero creer que lo entendés. De alguna manera ahora te siento tan cerca mío...
Un día me dijiste que podías sentir, a pesar de nuestra distancia de kilómetros, cuándo yo estaba mal. Con sólo escucharme, verme. Me sentías, sentías el dolor de mi alma, que algo me pasaba, que algo no andaba bien. Y me curabas, quizás con palabras, quizás con silencios. Y si estábamos presentes, me besabas. Tu sola presencia me calmaba. Como un bebé que deja de llorar cuando está con su madre. Como el adolorido que recibe morfina... Como Vero cuando recibe un beso de Ezequiel.
Me curas, aunque me lastime tu ausencia. Me curas.
A un sólo día de haber terminado definitivamente, de haberte mandado un audio de 4 minutos explicándote que no conviene volver a vernos porque me haría tan mal, a un sólo día, ya estoy arrepintiéndome. Más bien, no es arrepentimiento. Sé que era necesario. Pero no deseado. Realmente no quería que fuera así Y por ese mismo deseo, aunque nos hayamos despedido, aunque yo te haya bloqueado de las redes sociales (no de todas), aún así, no puedo lograr sentir que es una despedida. ¿Me explico?
Siento y exijo a la vida que todo esto no fue suficiente. Que todavía el alma no está llena. Fue maravilloso conocerte, pero no fue suficiente el tiempo que estuvimos juntos.
Le exijo a la vida una oportunidad más, una definitiva, una que nos dure años, muchos años. Que estemos juntos, que suceda algo, un milagro tal vez, que cambie todas nuestras circunstancias y que volvamos a estar juntos, esta vez, para siempre.
Y sí, puede sonar a histérica, obsesiva, o que no te superé. Tal vez en unos meses o años cambie de opinión, y te haya olvidado. Pero ahora, lo que más deseo, es poder ver al futuro y saber si vas a estar ahí.
Aunque tuviera que esperar un par de años más para lograr coincidir nuevamente, lo haría. Haría todo lo posible por seguir viviendo, como debo hacerlo, cumplir mis propios sueños, mis metas, pero que nuestros caminos se vuelvan a cruzar.
Qué patética me siento escribiendo esto, sintiendo esto. Porque no logro superarte. Pero creo que los sentimientos no se superan. Se llevan en la piel, en el alma. Y eso es para siempre. Se tiene que vivir con eso, no se puede hacer nada más.
Y yo te voy a tener siempre en mi piel y en mi alma.
Quizás algún día me anime a hacerme un tatuaje que tenga que ver con vos. Tal vez. Por ahora queda en veremos.
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