martes, 8 de enero de 2019

Activo y Pasivo

No entendía la magnitud de la situación, hasta que empecé a ver que a mi alrededor comenzaron a acercarse personas realmente preocupadas por mi bienestar; y eso resulta confortante y a la vez... triste. ¿Se tiene que llegar hasta este punto para que tomen en serio el problema de la depresión?
No quiero que parezca que tenía la intención de "llamar la atención". Yo creo que no se juega con la vida para "llamar la atención" de alguien más...
Hay adolescentes que lo han hecho, supongo que adultos también, psicópatas diría yo... Pero yo no lo he hecho así.
Luché durante años contra la depresión, y lo saben por la cantidad de entradas escritas en este blog sobre todos mis desánimos. He hablado mucho tiempo sobre la muerte, quizás de forma indirecta o muy lejana. No tenía la intención de quitarme la vida en ninguno de esos momentos... No de forma tan directa. Deseaba morir, eso es cierto, pero no había tomado acciones para que eso ocurriera.

Recuerdo una vez, y estoy casi segura que no lo he escrito aquí en el blog, que en mi adolescencia, no estoy segura a qué edad fue exactamente, (supongo que a mis 14 o 15 años) tomé 15 pastillas de mi papá, que en su momento creí que eran las pastillas de la diabetes, pero luego descubrí que eran las pastillas de la presión. El motivo era algo confuso, según lo que recuerdo ahora (y tendría que investigar lo que escribí  al respecto en alguno de mis diarios viejos). Pero en aquel momento, me daba igual si vivía o moría, si me bajaba el azúcar o la presión, si me quitaba la conciencia o simplemente me adormecía.
Al final, esa última opción fue la acertada; Estaba mareada y me pesaba la cabeza, como si ésta estuviese unida a mi liviano cuerpo con un hilo. Eran las 5 de la tarde y me acosté a dormir, creo que hasta las 8 de la noche. Me desperté aturdida, sin saber realmente lo que había pasado. Pero para mi mente adolescente, no pasó nada. Fue sólo un experimento. Mi vida continuaba como siempre.
Esa fue la primera vez que estuve cerca de un suicidio y casi sin darme cuenta, como si fuese un juego.
No logro recordar si alguna vez se lo conté concretamente a alguien. Pero en definitiva, mis seres cercanos actualmente no lo saben.
Además de no medir la magnitud de la situación, tampoco medí lo que en ese momento (o seguramente antes, porque ese tipo de pensamientos no nacen de la noche a la mañana) se estaba incubando: Depresión, tendencias suicidas... o vaya a saber cómo se llama.

A finales del 2018 y hace unos pocos días del 2019, tuve dos intentos de suicidios, llamemosle "intento activo" y  "pasivo".

El primero, el "Activo" fueron días después que corté con Ezequiel. Estuve 4 días seguidos sin comer. Previo a esos días, había comido poco y nada. Mi estómago estaba tan cerrado, que no sentía la necesidad de comida. No podía dormir, a pesar de que estaba casi todo el día en la cama. Tampoco quería levantarme, no tenía sentido. Me echaba la culpa de todo, a pesar de que el principal motivo fue la infidelidad de Ezequiel lo que hizo que yo terminara la relación. Pensaba que yo tenía la culpa... y tenía esa sensación de que todo se había acabado, toda mi vida, todos los motivos para vivir, porque él era mi razón de ser.
Para poder dormir, le robaba las pastillas para dormir a mi papá. Cuando ellos se dieron cuenta de que estaba tomando pastillas sin su permiso, las ocultaron.
Yo me enojé y les reclamé que me las dieran, porque era lo único que me ayudaba a dormir.
Me dijeron que podía pedirlas, así que les pedí que me dieran una. Y esa noche, no la tomé. La guardé. A la siguiente noche hice lo mismo y al cabo de dos días, tenía dos pastillas para dormir.
Quizás dos pastillas juntas no me iban a hacer nada, si ya me había tomado 15 en mi adolescencia... ¿Pero y si me moría?
No era la misma situación que en aquel momento: ésta vez realmente deseaba dormir para siempre. Pero a la vez, tuve miedo. Googlee lo que el la sobredosis del Alplax me hacía, y realmente me causaba la muerte. Pero se me venían muchas preguntas a la mente. ¿Y si no me hace nada? ¿Cuánto cuenta como sobredosis? Con sólo tomar una, ya me dormía en 5 minutos. ¿Cuánto me iba hacer tomar dos juntas? ¿Con el estómago vacío hará efecto o será peor? ¿Y si sólo me duermo más horas y despierto estando igual? ¿Y si me muero de verdad? ¿Realmente me quiero morir?
Tenía las pastillas en mi mano y el agua en la otra. Literalmente estaba a punto de hacerlo... Y las guardé. Tuve miedo de verdad. Aquella noche fue difícil dormir, pero lo hice sin ayuda de fármacos.
Las mismas dudas siguieron ahí por días y días, porque tenía las pastillas junto a mi cama. Y fui aplazando la decisión, porque tenía compromisos con otras personas que debía cumplir y pensaba "Después de hacer esto lo hago"... y así lo fui aplazando, hasta que un día le confesé a mi mamá lo que estaba pensando, y de mi propia voluntad, sin que ella entendiera por completo la magnitud de lo que le estaba contando, le entregué las pastillas.

Hace unos días, tuve una crisis y sentimentalmente fue peor. Porque fueron mezclas de emociones: ira contra mis padres, por "arruinarme" la vida, por meterse en mis cosas, por todo lo inútil que soy, lo que hago y dejo de hacer, lo que me pasó con mi última relación y todos mis deseos frustrados. De pronto, todo eso se transformaron en sombras que me aturdían constantemente la cabeza. Literalmente sentía que me rodeaban. Había una voz muy chiquitita que trataba de desestimar todo lo que las voces oscuras me decían... Pero era inútil.
Este fue el intento pasivo, porque estuve sentada todo el tiempo frente a mi escritorio, mirando el celular, pensando todo esto, escribiendo también en mi diario para tratar de desahogar todas mis penas, y viendo como si fuese una película como yo tomaba de la cabecera de mi cama la corbata que me regaló Ezequiel y me colgaba en mi cuarto. Lo vi como una posibilidad, y ésta vez no tenía miedo alguno que me detuviera. Sin embargo no me moví. ¿Por qué? No lo sé.
Esa noche me quedé hasta tarde hablando con un amigo, supongo que eso me distrajo un rato, hasta que me dio sueño y me dormí.
Al despertarme al día siguiente y ver mi cuarto tan iluminado por el sol, me sentí como si hubiese pasado una tormenta la noche anterior, y ahora estaba todo calmo. Por supuesto que el problema no se había solucionado, pero había despertado un poco más tranquila.
Ese día, les conté llorando todo lo que me pasaba a mis padres.
Si la valentía y el valor se pudieran medir, estarían en su nivel máximo sobre mis padres, que se armaron de valor para no romper a llorar en frente mío, sino para aconsejarme.

Mamá habló con el psicólogo con el que trabajé en el 2013 y el miércoles tenemos una entrevista.
Quizás el ritmo de progreso sea mayor ahora. No sé.

Pero escribo esta entrada, más para ayudarme a mí misma a reflexionar cuántas veces me pasó este tipo de pensamientos suicidas, para tener con qué responderle a Gastón el miércoles.

No hay comentarios: