Me rijo mucho por los signos zodiacales, la suerte o las señales... Aunque no dominen mi vida, significan mucho para mí.

Soy un poco supersticiosa, me gusta darle significado a todo, que las cosas que me pasen sean como manifestaciones o símbolos de algo.
Ayer a la mañana, mientras tendía la ropa, encontré un peso ($) en el lavaropa, y me dije "este va a ser un buen día", porque tomé ese acontecimiento como una señal, ya que había sido al principio del día.
Y así fue: pasé el día con Marcos y Cecilia, mis dos mejores amigos de la escuela. Jugamos toda la tarde a la Play 3, a la noche fuimos a un pool en Morón y luego comimos pizza y helado.
Fue realmente genial. Me sentí muy acompañada, apoyada, ...lo que normalmente se siente cuando estás con amigos de verdad; me sentía querida.
El día de hoy fue diferente: Hoy se festejó el día del amigo.
En la mañana, estaba terminando de hacer una tarea para una conocida, cuando me hice sin querer un pequeño corte en el dedo. Por dentro me dije "esto significa que va a ser un mal día"... y así fue.
Luego de terminar esa tarea y colocarme un curita en el dedo, fui al ensayo de coro. Hasta entonces, todo normal y lindo con mis amigos de la iglesia... Hasta que terminó el ensayo. Tenía que encontrarme con un amigo (Daniel) y el grupo de Rocío en Capital, en el Jardín Japones.
No sabía muy bien cómo llegar, y mi padre al teléfono me rogaba que no vaya porque podría perderme y además él comenzó a sentirse mal.
Los chicos de la iglesia me habían invitado a comer en la casa de una chica que vivía cerca, pero fue tal mi capricho de querer tener esa chance de estar cerca de Rocío, que me tomé un colectivo que me acercara lo más posible al Jardín Japones.
Tuve una discusión con mi papá por teléfono que me hizo entrar en razón y volví a casa, completamente enojada conmigo misma por haber perdido la oportunidad de pasar un lindo día con mis amigos de la iglesia debido a mi rebeldía.

Volví a cortarme y me sentí más liberada, porque no podía llorar.
Me acosté a dormir una siesta y cuando mamá me despertó para que comiera algo (ya que al medio día me negué a almorzar) recibí un mensaje de mi amigo Daniel, diciéndome si podía salir a la esquina de mi casa.
Antes de salir, mamá me preguntó qué había pasado a lo largo del día y le conté cómo me sentía y lo que había pasado (exceptuando el momento en el que volví a cortarme intencionalmente) y fue entonces cuando lloré.
En ese momento, Daniel vino a buscarme a casa porque en esos minutos que hablé con mamá, no le había respondido el mensaje, y lo recibí en la puerta de casa con lágrimas a medio secar en mi rostro.
Lo abracé, caminamos un rato y me sentí mejor. Me sentía casi como me sentí ayer: contenida, apoyada, querida.
Esos momentos son los que tengo en cuenta para poder clasificar a alguien como un amigo. Esos momentos justos en los que aparecen personas que me contienen. Tomo esa clase de acontecimientos como señales, y siempre me funcionan.

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