martes, 10 de agosto de 2010

Pero no vino nunca, no llegó

Había planeado encontrarme con Ezequiel el día de hoy, el día en el que más horas me quedo en la escuela (9 hs.)
Me preparé, me arreglé. Mi prima iba a acompañarme al centro para que yo no me escapara sola.
En cuanto llegamos, lo llamé a la casa de su tía en donde se hospeda por ahora, solo para verificar si ya había salido… me atendió su primo y me dijo que estaba durmiendo.
Le pedí por favor que lo despertara.

-Yo ya estoy acá, con mi prima.
-¡No! Me estás jodiendo
-No tonto, no te estoy jodiendo. Ya estoy acá, ¿no vas a venir?
-No te lo puedo creer Vero, ¿Te escapaste de la escuela para…? Hay nena, sos de terror.
-Yo te dije, te avisé.
-Pero yo pensé que me estabas jodiendo… ¿Cómo te vas a mandar así? Mirá en el embrollo que me metes
-¿Porqué estaría jodiendote con eso?

¿Cómo pudo? ¿Cómo pude?
Fue terrible… no quise pensar, no quería deprimirme. Estaba enojada, pero sabía que pronto me pondría mal.
En el colectivo de regreso, un vendedor de CD’S románticos puso música y me hizo muy mal. Por suerte tenía un alfajor de chocolate en mano, el antidepresivo efectivo.

Que decepción. No estoy muerta, no estoy depresiva, al menos no por ahora… pero eso es realmente malo, porque sé que si no me pongo mal enseguida, es porque después me voy a poner peor, porque es el sistema de defensa de mi corazón: guardo las cosas, trato de olvidarlas por un rato. Pero no funciona, porque en unos pocos días voy a descargarme, voy a explotar y va a ser peor.
Soy predecible en eso, sé que voy a actuar así y sin embargo, no sé lo que voy a hacer cuando ese día explosivo llegué.

No hay comentarios: