martes, 22 de junio de 2010

Frustrada



Que frustrada que me siento… desayuné la mitad del mate cocido con leche que papá me había preparado. Al principio estaba amargo pero conforme fui bebiendo me di cuenta de que el azúcar estaba debajo de todo. ¡Qué asco! No me gusta el azúcar, a todo tengo que ponerle chuquer…
Hora del almuerzo: Puré de zapallo y pescado con verduras. Todavía puedo sentir el sabor de los condimentos en mi boca…
No quería tener nada de comida en el estomago, pero tampoco quería pelear con mis padres por la comida como la última vez aquel 25 de mayo, el día en que me escapé. Ya no quiero preocuparlos de nuevo.
Así que al terminar de comer, me fui directo al baño, me lavé los dientes y miré con recelo al cepillo. Me acerqué al inodoro a vomitar. Estaba segura de lo que iba a hacer.
Metí la punta del cepillo en mi garganta, pero no pasó nada. Demasiado lejos de la campanilla.
Segundo intento: vinieron las arcadas. Intenté otra vez y algo logré. Último intento, y esta vez no tendría cuidado.
Y de pronto mamá abrió la puerta del baño, empujándome. Me paré de inmediato antes de que me viera arrodilla frente al inodoro tosiendo con el cepillo de dientes en la mano.
“¿Acaso no podés golpear antes de entrar?”- le dije muy enojada.
“Es que me hago, necesito ir al baño.”- Maldita sea, ¿más inoportuna no podía ser?
Frustrada, así estoy.


A la hora del partido, mis padres se sentaron en el sillón y yo permanecí casi las dos horas al lado de la estufa. En el primer tiempo Argentina no metía ningún gol y mis padres ya estaban nerviosos. Principalmente mi papá que se levantaba a cada rato a buscar algo para hacer mientras tanto. Desgraciadamente buscó comida en la heladera. ASH, me repugnan.
Me ofrecieron algo caliente, chocolatada, mate cocido, malta… no acepte nada.
Cada dos por tres mi papá traía algo para comer, salado, dulce, toda una mescla.
Ellos comían, yo miraba el partido junto a la estufa.
Luego del partido y de los dos goles, mis padres estaban más tranquilos, pero aún así no dejaron de picar galletitas o Prepcels.
Fui a la casa de mi abuela; mi prima y yo fuimos a comprar “tutucas” al Kiosco y comí. Mi abuela me dio dos trozos de bizcochuelo,… No se vale, ¿por qué mi abuela tiene que ser tan frágil cuando alguien le niega recibir sus regalos? Acepté.
Ya no cené, si no que me encerré en mi pieza a escuchar música en la computadora, escribir y hacer incansablemente ejercicio.


Quizás solo exagero con mi peso, pero no voy a descansar.
No comer no me está dando resultados, no puedo luchar contra mis padres. La última vez casi los mato a los dos juntos del corazón.
¿Qué debo hacer? ¿Volver a intentar vomitar? No le estaría haciendo daño a nadie. La gente me vería comer normalmente, comiendo poco, pero al fin comiendo. Y a escondidas regresar todo lo comido. Suena razonable.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No, no vomites :( Te hace peor, y se vuelve adictivo. Al principio podés pensar que lo controlás, pero al final te termina controlando a vos. Por lo que vi de las fotos, sos muy linda, y no creo que estés gorda, pero sé cómo es no sentirse bien con el cuerpo de una.
Hay veces que también me repugna ver a los demás comiendo, estoy tan pendiente de no querer comer yo, que es como que me da bronca que los demás coman sin culpa..,
En fin, espero que estés bien :) Y ya sabés que podés contar conmigo n.n