miércoles, 23 de junio de 2010

Casi como una Anorexica

Rayos… no puedo conseguir lo que quiero, parece que nunca puedo hacerlo como quiero.

¿Y todo por qué? Porque la mamá de Yanet (Miriam) habló con mi mamá sobre que no quería comer.

Todo comenzó con un Subnick que agregué ayer a la noche en mi MSN.
“Deja que tu belleza se vea a través de tus huesos.”
Hermosa frase.
Pero fue demasiado obvia para que Yanet se diera cuenta, diciéndome: “saca esa frase de anoréxicas de tu Subnick o voy a hablar con tus viejos”.
Qué bueno… (Sarcasmo).

Desayuné. Solo bebí la mitad de mi taza, no tenía mucha hambre a pesar de no haber cenado anoche.
Mis padres me dijeron antes de irme a la escuela, que en la heladera había pescado con verduras de la cena de ayer para que me re-caliente para el medio día. En simples palabras: no vamos a estar en casa. Perfecto, nadie que me esté vigilando si como o no.
A las 2 me fui a trabajar, pero para esa hora mamá ya había llegado a casa y me acompañó a la casa de Yanet y Miriam.
Mamá se ofreció a ayudarla en la casa a Miriam, limpiándole el patio y la cocina, mientras yo limpiaba la pieza de los chicos.
Justo que tengo un lugar en donde puedo estar con mi amiga, sin mis padres, para despejarme un poco, mi madre me acompaña e invade ese espacio mío.
Bueno, no importa, lo olvidé a los dos minutos.

En cuanto terminamos de limpiar, mi mamá se había ido a casa. Quise salir un rato, así que me fui con Yanet a llevar a la hermanita a la psicopedagoga en Morón.
Mientras su hermanita estaba en el edificio, mi amiga y yo salimos a recorrer locales.

Me compré un par de guantes de red negros.
Mientras caminábamos, Yanet me daba su discurso de “tenés que comer o voy a hablar con tus viejos, no jodo. Tenés los síntomas de comienzo de anorexia, tal como le pasó a una amiga. Todo comienza como un juego y termina consumiéndote. No quiero que te pase a vos.”
Le cambié de tema.

Volvimos a su casa, Yanet me ofreció galletitas y le dije que no. Apenas terminó de tragar el puñado de galletitas que se había metido en la boca le dijo a Miriam que estaba al lado:
“Vero no quiere comer.”
Miriam me dio un sermón que, desgraciadamente tuvo razón en todo lo que decía.


“Yo no soy una mujer linda, soy petisa y gordita, pero tuve levante. Todo es cuestión de actitud.
Vos sos linda, alta, y tenés lindo cuerpo. ¿Por qué vas a querer llegar a un talle 16 o 14? Los hombres se fijan en lo exagerado, ¿acaso no viste que las gordas tienen más levante?
Yo te lo digo por experiencia; cuando tuve a mi hijo Franco y me separé, me quedé casi sin nada. Me quedaba sin comer para darles de comer a ellos dos (apuntando a sus dos hijos mayores). Llegué a un punto en que mi comida era agua y mate. La poca plata que tenía para usarla en mí, la gastaba en un paquete de galletitas, y esa era mi comida del día.
Incluso llegué a vomitarlas, porque pensaba que era normal que los huesos de mi cadera se vieran. Pero cuando abrí los ojos me di cuenta de que era horrible, se me veían todas las costillas, podías contar cada huesito de mis rodillas o de mi talón.
Cuando tuve a mi hijo Juan, pesaba 38 kilos, y así salió, con todos los problemas: de la sangre, de comportamiento, aprendizaje y psicológicos.
No te conviene para nada. Así que empezá a cuidarte ahora, porque las consecuencias que no ves ahora, las vas a ver más adelante.
Dios lo dijo, TU CUERPO ES UN TEMPLO, y al templo hay que cuidarlo.”

Auch.
Me golpeó duro.

Me acompañó a mi casa. Está bien, había entendido perfectamente aquel discurso, iba a “tratar” de seguir sus consejos. Pero ¿era necesario que le dijera a mi mamá “su hija no quiso comer en mi casa”?
Le repitió masomenos algunas frases de lo que me había dicho a mí, mientras yo no sabía en dónde meterme.
En cuanto se fue, tuve algo de miedo por si mamá me decía algo, pero no desistí, me armé de valor y me hice la desentendida.
Aunque fue en vano, mamá no me dijo absolutamente nada sobre ese tema, si no que discutimos sobre los guantes de red que me había comprado.

Todo fue muy ridículo. Me detuvieron antes de que comenzara algo. No llegué a vomitar bien, ni tampoco a hacer un ayuno de 24 horas porque siempre algo me hacían comer.
Hoy cené y fue mi única comida del día. Quisiera no tener ninguna comida en el día, al menos sentir el hambre por mucho tiempo. Total siempre me compenso. El hambre no me molesta, me hace sentir más libre, más como flotando.

Me cortaron de raíz antes de que pudiera comenzar al menos como un intento de anoréxica.
Casi lo logro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Antes que nada, mil gracias por tu comentario en el blog!!! De verdad, necesitaba leer algo así :)
En cuanto a tu entrada... Tenés suerte de tener gente que se preocupe por vos. Ya sé que ahora no lo ves así, pero es la verdad. La anorexia es una enfermedad, y aunque como vos conozco poco de ella, no se la recomiendo a nadie. Porque por más flaca que estés, te vas a seguir viendo gorda por su culpa. Y es verdad lo que te dice la mamá de tu amiga: ahora capaz no veas (o veamos, porque me incluyo) las consecuencias que puede llegar a tener, sino cuando sea tarde.
Me alegro que te hayan parado antes que sea más dificil regresar :)
Sabés que podés contar siempre conmigo, sos una persona hermosa tanto por fuera como por dentro, ojalá algún día lo puedas ver.
Besos! :)