El sol estaba escondido entre las nubes transparentes. Algunos creían que llovería, otros, que sería un día favorable para los juegos en el pasto del lugar.
Antes de que los adolescentes más pequeños que yo comenzaran a servirse los sándwiches de jamón y queso que habían traído en sus mochilas, me armé de valor y salí a buscarlo...
Estaba en la puerta, hablando con mi papá. Cuando él se alejó, le pregunté cuánto estaba cobrando por la sesión.
Me respondió que si tenía un ingreso propio, podríamos arreglar un buen precio.
Confieso que el miedo se apoderó de mí cuando me imaginé sentada frente a Gastón, contándole mis traumas, mis pensamientos, los acontecimientos de mi vida...
O tal vez fue el hecho de que alguien de la Iglesia pudiera psicoanalizarme.
A veces me culpo demasiado... Y es porque guardo en mí interior muchas de las cosas que me pasan.
Siento que me libero de algo si lo cuento, y no es que no tenga gente que me escuche, ese no es el problema mayor. El problema es que a ninguno les interesa y por consecuencia, no me siento escuchada.
Desde pequeña quise ir al psicólogo, no sabía puntualmente por qué. A veces decía que sólo los locos iban al psicólogo, y por eso al principio trataba de convencer a mis padres de que yo estaba loca para que me llevaron a un psicólogo ... sin embargo jamás pasó. Y ahora, que tengo la oportunidad para poder mandarme por mi propia cuenta, no lo hago.
Tengo miedo ....a crecer.
¿Es acaso un síntoma común en la mayoría de los chicos que están por terminar el colegio? De los que están por cumplir una mayoría de edad en la que la ley los hace responsable de sus actos?
La verdad no sé, pero una de estás preguntas debo recordarlas para cuando visite a Gastón algún día, si es que lo hago en el futuro.
Puede que sí, cuando consiga trabajo.
Antes de que los adolescentes más pequeños que yo comenzaran a servirse los sándwiches de jamón y queso que habían traído en sus mochilas, me armé de valor y salí a buscarlo...
Estaba en la puerta, hablando con mi papá. Cuando él se alejó, le pregunté cuánto estaba cobrando por la sesión.
Me respondió que si tenía un ingreso propio, podríamos arreglar un buen precio.
Confieso que el miedo se apoderó de mí cuando me imaginé sentada frente a Gastón, contándole mis traumas, mis pensamientos, los acontecimientos de mi vida...
O tal vez fue el hecho de que alguien de la Iglesia pudiera psicoanalizarme.
A veces me culpo demasiado... Y es porque guardo en mí interior muchas de las cosas que me pasan.
Siento que me libero de algo si lo cuento, y no es que no tenga gente que me escuche, ese no es el problema mayor. El problema es que a ninguno les interesa y por consecuencia, no me siento escuchada.
Desde pequeña quise ir al psicólogo, no sabía puntualmente por qué. A veces decía que sólo los locos iban al psicólogo, y por eso al principio trataba de convencer a mis padres de que yo estaba loca para que me llevaron a un psicólogo ... sin embargo jamás pasó. Y ahora, que tengo la oportunidad para poder mandarme por mi propia cuenta, no lo hago.
Tengo miedo ....a crecer.
¿Es acaso un síntoma común en la mayoría de los chicos que están por terminar el colegio? De los que están por cumplir una mayoría de edad en la que la ley los hace responsable de sus actos?
La verdad no sé, pero una de estás preguntas debo recordarlas para cuando visite a Gastón algún día, si es que lo hago en el futuro.
Puede que sí, cuando consiga trabajo.
1 comentario:
A todos nos hace falta ser escuchados y recibir replicas ante las cosas que contamos... da miedo si, no solo crecer... si no, da miedo aceptar cosas que a lo mejor nos hemos negado, realidades que no queremos hacer propias... Pero no deja de ser un ejercicio saludable... (apesta tener que pagar para que te digan las cosas, si todos las dijéramos con honestidad todo sería mas sencillo)
PS. Pase a saludar... gracias por los tantos comentarios... perdón por la ausencia.
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