miércoles, 5 de junio de 2024

El dolor es pasajero

 Tengo que dejar de decir que tengo depresión. No es depresión, es tristeza, angustia, melancolía...

Pero no es depresión. Desde los 18 años hasta ahora, he ido a 5 psicólogos y ninguno me diagnosticó con depresión ni con ansiedad. Sí he tenido momentos de bajones, de mucha mucha tristeza, deseos de dejar de vivir... también he tenido momentos de mucha ansiedad, nerviosismo, donde sentía que me faltaba el aire... Pero no tengo depresión ni ansiedad.

No debería dejar que emociones pasajeras me definan.

Y si hay quien lea esto, que se considere (o haya sido diagnosticado) con depresión y/o ansiedad, tampoco debe dejar que eso lo defina.

Ni vos ni yo somos eso. No somos emociones ni somos circunstancias.

Estamos en constante cambio.

Me considero una persona bastante optimista (aunque este blog demuestre lo contrario).
Aunque entradas pasadas haya escrito desde mis emociones más potentes (como lo es la tristeza), esa emoción pasó, cual tormenta potente, arrasando todo a su paso para un nuevo renacer, demostrando así que por más doloroso que haya sido el golpe, no me derrotó.

Volví a creer en el amor, en el amor de verdad.

Volví a intentarlo con una persona muy especial, desde un vínculo sano y más maduro.
Pero repitiendo el grave error de la distancia. ¿Cómo permití que esto volviera a suceder?

Obviamente no resultó. Y dolió... dolió mucho.

Pero aquí sigo,... viva.

La última vez que lo vi en persona, tuvimos una hermosa charla sobre qué era el amor, luego de haber visto "500 Días con ella" 

Recostada en su pecho y con el presentimiento de que esa podría ser nuestra última vez charlando así, le pregunté si alguna vez había sufrido por amor así como lo hizo el personaje de la película.
Me dijo que no realmente... que después de cortar una relación, se sentía mal por unos días y luego seguía adelante como si nada. 

Yo le volví a contar mi experiencia con el duelo que tuve con Ezequiel... Todo lo que sufrí tras dejarlo, pero que también seguí adelante y volví a confiar en el amor.

Le cuestioné a Tomi si realmente sabía lo que era el amor. Y no supo qué responderme.

Le aclaré que no me refería al sufrimiento como una demostración de amor. Si no una forma de hacer el duelo por alguien que te parece importante. Claramente todos hacemos el duelo de manera distinta y siempre dependiendo de cómo fue ese vínculo que nos unía.

Mi duelo por Ezequiel fue estar tirada en la cama por 4 días, sin comer y sin poder reírme. Hasta que simplemente al cuarto día me levanté y seguí adelante. Me costó, tuve días de bajones y aún seguía hablando con él. Al mes, había empezado terapia, lo bloqueé, tuve algunas recaídas con pensamientos suicidas que no llegaron a nada. A los 10 meses, cuando ya lo había superado, me vuelve a escribir, de un nuevo número, diciéndome que "ya estaba listo para aclararme las cosas". Me reí de la ironía y lo volví a bloquear. Nunca más supe de él y he sido feliz desde entonces.

Mi duelo por Tomi me está costando mucho más... Me está tomando varios días superarlo. Hasta hoy, han pasado 17 días desde que cortamos... Y si bien no me he quedado 4 días seguidos en la cama, sí he llorado muchísimo más. Al día siguiente que cortamos, me permití llorar todo lo que sintiera necesario. Ese día sí estuve acostada y llorando todo el día. Al día siguiente me obligué (mi papá me obligó) a salir a pasear con él. También lloré todo el día, aún estando en la calle y en el cine... pero menos que el día anterior. Y cada día lloraba pero menos que el día anterior.
Hasta que llegó el día 14 y decidí borrarlo de mis redes sociales. Y volví a llorar como el primer día. Cada canción, cada video que veía, me hacía llorar, ahora con la certeza que estaba decidiendo soltarlo.
Al día siguiente me escribió para saber cómo estaba. Le escribí un poco más, volviéndonos a agradecer por el tiempo vivido y soltándonos, aunque realmente no quisiéramos.

Aún duele. Irse, queriéndome quedar, fue de las cosas más difíciles que hice.

Ezequiel fue un adicto al engaño y a lastimar mujeres. Cuando te das cuenta de tu propio valor y de que no te mereces ese maltrato, soltarlo es un poco más fácil.

Tomi fue alguien que me dio su amor y atención hasta que ya no pudo sostenerlo.
Podría justificar la ruptura con muchos motivos... que se cansó de mí, que no tuvo más espacio en su vida para mí, que no superó la muerte de su padre, que la distancia era insostenible (y no haría ni dejaría que hagamos algo al respecto) o cualquier otro motivo... Pero aunque busque cualquier explicación (ya sea inventada o cierta) como aún es una ruptura reciente, me va a costar ver el panorama con claridad.

Sólo sé que, aunque todo fue hermoso hasta que ya no se pudo sostener más, ya debo soltarlo y seguir adelante, aunque no quiera.



sábado, 9 de mayo de 2020

Aquí y ahora

La escritura es mi refugio...  un refugio que quedó olvidado.
Refugio que habitaba con regularidad. Era mi lugar, mi hogar, mi cueva donde me ocultaba del mundo exterior que tanto daño me hacía.
Ahora, en la adultez, a mis 25 años, ya no me hieren las mismas cosas. Aprendí a hacerme fuerte, a enfrentarme al mundo, dejando mi refugio a un lado... dejando la cueva segura.
La convertí en olvido y me lamento por ello.
No lamento haberme convertido en quien soy ahora,
mi fortaleza, mi autoestima en construcción constante, mi resiliencia,
todo se lo debo a mi capacidad para escribir, para desahogarme en las letras.
Una vez que pude poner las bases para construir encima, la abandoné.
¿Por qué? si no puedo sola. Me hacía tan bien escribir... como lo estoy haciendo ahora. Escribir por placer...

Una compañera de la universidad me hizo esa pregunta: ¿Por qué dejaste de escribir?
Casi que no supe qué contestar... más que simples excusas.
¿Será miedo a enfrentar mis propios sentimientos? ¿A plasmarlos en algún lugar?

Sé que mi talento para transmitir mis sentimientos en palabras disminuyó justamente por la falta de constancia en escribir, sé que este tipo de entrada/publicación no es igual que las primeras... Pero ya estoy aquí, ya estoy escribiendo, y es lo que importa.

Mi psicólogo me dijo que mi auto percepción no debe basarse en los hechos del pasado, sino en lo que estoy viviendo y haciendo en el presente, también mis proyectos a futuro. Así que basta de lamentarme por no escribir de manera constante. Esto es el aquí y el ahora, es lo que tengo que aprender a disfrutar.

domingo, 3 de marzo de 2019

Piel y alma

Si quiero escribir seguido, debo leer más.
Hoy empecé a leer un nuevo libro: ARDE LA VIDA, de Magalí Tajes. Voy por la página 39 y ya es un viaje de esplendor. La contra tapa del libro no miente: "Arde la Vida es un abrazo a tiempo". Y puedo sentir ese cálido abrazo desde las primeras páginas... O será que me gusta tanto la autora que ya empiezo a leer con una emoción mágica.

En mi blog existe la etiqueta "Ezequiel" en donde están las entradas relacionadas con Él.

Debería dejar de existir esa etiqueta... porque en casi cada entrada hablo de él. Y lamento decepcionarlos, pero lo seguiré haciendo.
Ezequiel quedó marcado en mi alma, al igual que en mi piel. Incluso desde antes de conocernos físicamente, ya estaba marcado en mi piel. Y él conoció esa marca física que tengo desde los 15 años, que no se borra más.

El fuego inextinguible que encendió su piel en la mía, no me la va a poder quitar nadie, jamás. Ni aunque me borrasen la memoria. Está ahí, en mis células, en mi alma rota.

Ezequiel, si tan sólo tuvieras acceso a mi blog, si estuvieras leyendo esto, (dependiendo de tu estado de ánimo actual) ya me imagino las diversas emociones que deben estar rondando por tu pecho. Una de ellas sería el orgullo; Hay que admitirlo, ¿a quién no le alimenta el ego el que una persona esté tan locamente obsesionada con uno? es como tener una fan incondicional, alentándote, amándote.
Por otro lado, sentirías hastío. Hartarte de tanta obsesión. Te enferma ver a alguien así, te cansa. Por eso dejaste que te deje. Porque más que amor, es obsesión. ¿No?
Pero también entendés por qué, entendés todo lo que te estoy diciendo, todo lo que estoy sintiendo, porque sé que sentís lo mismo... O quiero creer eso. Quiero creer que lo entendés. De alguna manera ahora te siento tan cerca mío...

Un día me dijiste que podías sentir, a pesar de nuestra distancia de kilómetros, cuándo yo estaba mal. Con sólo escucharme, verme. Me sentías, sentías el dolor de mi alma, que algo me pasaba, que algo no andaba bien. Y me curabas, quizás con palabras, quizás con silencios. Y si estábamos presentes, me besabas. Tu sola presencia me calmaba. Como un bebé que deja de llorar cuando está con su madre. Como el adolorido que recibe morfina... Como Vero cuando recibe un beso de Ezequiel.

Me curas, aunque me lastime tu ausencia. Me curas.

A un sólo día de haber terminado definitivamente, de haberte mandado un audio de 4 minutos explicándote que no conviene volver a vernos porque me haría tan mal, a un sólo día, ya estoy arrepintiéndome. Más bien, no es arrepentimiento. Sé que era necesario. Pero no deseado. Realmente no quería que fuera así Y por ese mismo deseo, aunque nos hayamos despedido, aunque yo te haya bloqueado de las redes sociales (no de todas), aún así, no puedo lograr sentir que es una despedida. ¿Me explico?

Siento y exijo a la vida que todo esto no fue suficiente. Que todavía el alma no está llena. Fue maravilloso conocerte, pero no fue suficiente el tiempo que estuvimos juntos.
Le exijo a la vida una oportunidad más, una definitiva, una que nos dure años, muchos años. Que estemos juntos, que suceda algo, un milagro tal vez, que cambie todas nuestras circunstancias y que volvamos a estar juntos, esta vez, para siempre.

Y sí, puede sonar a histérica, obsesiva, o que no te superé. Tal vez en unos meses o años cambie de opinión, y te haya olvidado. Pero ahora, lo que más deseo, es poder ver al futuro y saber si vas a estar ahí.

Aunque tuviera que esperar un par de años más para lograr coincidir nuevamente, lo haría. Haría todo lo posible por seguir viviendo, como debo hacerlo, cumplir mis propios sueños, mis metas, pero que nuestros caminos se vuelvan a cruzar.

Qué patética me siento escribiendo esto, sintiendo esto. Porque no logro superarte. Pero creo que los sentimientos no se superan. Se llevan en la piel, en el alma. Y eso es para siempre. Se tiene que vivir con eso, no se puede hacer nada más.

Y yo te voy a tener siempre en mi piel y en mi alma.

Quizás algún día me anime a hacerme un tatuaje que tenga que ver con vos. Tal vez. Por ahora queda en veremos.

martes, 8 de enero de 2019

Activo y Pasivo

No entendía la magnitud de la situación, hasta que empecé a ver que a mi alrededor comenzaron a acercarse personas realmente preocupadas por mi bienestar; y eso resulta confortante y a la vez... triste. ¿Se tiene que llegar hasta este punto para que tomen en serio el problema de la depresión?
No quiero que parezca que tenía la intención de "llamar la atención". Yo creo que no se juega con la vida para "llamar la atención" de alguien más...
Hay adolescentes que lo han hecho, supongo que adultos también, psicópatas diría yo... Pero yo no lo he hecho así.
Luché durante años contra la depresión, y lo saben por la cantidad de entradas escritas en este blog sobre todos mis desánimos. He hablado mucho tiempo sobre la muerte, quizás de forma indirecta o muy lejana. No tenía la intención de quitarme la vida en ninguno de esos momentos... No de forma tan directa. Deseaba morir, eso es cierto, pero no había tomado acciones para que eso ocurriera.

Recuerdo una vez, y estoy casi segura que no lo he escrito aquí en el blog, que en mi adolescencia, no estoy segura a qué edad fue exactamente, (supongo que a mis 14 o 15 años) tomé 15 pastillas de mi papá, que en su momento creí que eran las pastillas de la diabetes, pero luego descubrí que eran las pastillas de la presión. El motivo era algo confuso, según lo que recuerdo ahora (y tendría que investigar lo que escribí  al respecto en alguno de mis diarios viejos). Pero en aquel momento, me daba igual si vivía o moría, si me bajaba el azúcar o la presión, si me quitaba la conciencia o simplemente me adormecía.
Al final, esa última opción fue la acertada; Estaba mareada y me pesaba la cabeza, como si ésta estuviese unida a mi liviano cuerpo con un hilo. Eran las 5 de la tarde y me acosté a dormir, creo que hasta las 8 de la noche. Me desperté aturdida, sin saber realmente lo que había pasado. Pero para mi mente adolescente, no pasó nada. Fue sólo un experimento. Mi vida continuaba como siempre.
Esa fue la primera vez que estuve cerca de un suicidio y casi sin darme cuenta, como si fuese un juego.
No logro recordar si alguna vez se lo conté concretamente a alguien. Pero en definitiva, mis seres cercanos actualmente no lo saben.
Además de no medir la magnitud de la situación, tampoco medí lo que en ese momento (o seguramente antes, porque ese tipo de pensamientos no nacen de la noche a la mañana) se estaba incubando: Depresión, tendencias suicidas... o vaya a saber cómo se llama.

A finales del 2018 y hace unos pocos días del 2019, tuve dos intentos de suicidios, llamemosle "intento activo" y  "pasivo".

El primero, el "Activo" fueron días después que corté con Ezequiel. Estuve 4 días seguidos sin comer. Previo a esos días, había comido poco y nada. Mi estómago estaba tan cerrado, que no sentía la necesidad de comida. No podía dormir, a pesar de que estaba casi todo el día en la cama. Tampoco quería levantarme, no tenía sentido. Me echaba la culpa de todo, a pesar de que el principal motivo fue la infidelidad de Ezequiel lo que hizo que yo terminara la relación. Pensaba que yo tenía la culpa... y tenía esa sensación de que todo se había acabado, toda mi vida, todos los motivos para vivir, porque él era mi razón de ser.
Para poder dormir, le robaba las pastillas para dormir a mi papá. Cuando ellos se dieron cuenta de que estaba tomando pastillas sin su permiso, las ocultaron.
Yo me enojé y les reclamé que me las dieran, porque era lo único que me ayudaba a dormir.
Me dijeron que podía pedirlas, así que les pedí que me dieran una. Y esa noche, no la tomé. La guardé. A la siguiente noche hice lo mismo y al cabo de dos días, tenía dos pastillas para dormir.
Quizás dos pastillas juntas no me iban a hacer nada, si ya me había tomado 15 en mi adolescencia... ¿Pero y si me moría?
No era la misma situación que en aquel momento: ésta vez realmente deseaba dormir para siempre. Pero a la vez, tuve miedo. Googlee lo que el la sobredosis del Alplax me hacía, y realmente me causaba la muerte. Pero se me venían muchas preguntas a la mente. ¿Y si no me hace nada? ¿Cuánto cuenta como sobredosis? Con sólo tomar una, ya me dormía en 5 minutos. ¿Cuánto me iba hacer tomar dos juntas? ¿Con el estómago vacío hará efecto o será peor? ¿Y si sólo me duermo más horas y despierto estando igual? ¿Y si me muero de verdad? ¿Realmente me quiero morir?
Tenía las pastillas en mi mano y el agua en la otra. Literalmente estaba a punto de hacerlo... Y las guardé. Tuve miedo de verdad. Aquella noche fue difícil dormir, pero lo hice sin ayuda de fármacos.
Las mismas dudas siguieron ahí por días y días, porque tenía las pastillas junto a mi cama. Y fui aplazando la decisión, porque tenía compromisos con otras personas que debía cumplir y pensaba "Después de hacer esto lo hago"... y así lo fui aplazando, hasta que un día le confesé a mi mamá lo que estaba pensando, y de mi propia voluntad, sin que ella entendiera por completo la magnitud de lo que le estaba contando, le entregué las pastillas.

Hace unos días, tuve una crisis y sentimentalmente fue peor. Porque fueron mezclas de emociones: ira contra mis padres, por "arruinarme" la vida, por meterse en mis cosas, por todo lo inútil que soy, lo que hago y dejo de hacer, lo que me pasó con mi última relación y todos mis deseos frustrados. De pronto, todo eso se transformaron en sombras que me aturdían constantemente la cabeza. Literalmente sentía que me rodeaban. Había una voz muy chiquitita que trataba de desestimar todo lo que las voces oscuras me decían... Pero era inútil.
Este fue el intento pasivo, porque estuve sentada todo el tiempo frente a mi escritorio, mirando el celular, pensando todo esto, escribiendo también en mi diario para tratar de desahogar todas mis penas, y viendo como si fuese una película como yo tomaba de la cabecera de mi cama la corbata que me regaló Ezequiel y me colgaba en mi cuarto. Lo vi como una posibilidad, y ésta vez no tenía miedo alguno que me detuviera. Sin embargo no me moví. ¿Por qué? No lo sé.
Esa noche me quedé hasta tarde hablando con un amigo, supongo que eso me distrajo un rato, hasta que me dio sueño y me dormí.
Al despertarme al día siguiente y ver mi cuarto tan iluminado por el sol, me sentí como si hubiese pasado una tormenta la noche anterior, y ahora estaba todo calmo. Por supuesto que el problema no se había solucionado, pero había despertado un poco más tranquila.
Ese día, les conté llorando todo lo que me pasaba a mis padres.
Si la valentía y el valor se pudieran medir, estarían en su nivel máximo sobre mis padres, que se armaron de valor para no romper a llorar en frente mío, sino para aconsejarme.

Mamá habló con el psicólogo con el que trabajé en el 2013 y el miércoles tenemos una entrevista.
Quizás el ritmo de progreso sea mayor ahora. No sé.

Pero escribo esta entrada, más para ayudarme a mí misma a reflexionar cuántas veces me pasó este tipo de pensamientos suicidas, para tener con qué responderle a Gastón el miércoles.

martes, 18 de diciembre de 2018

Volver, con la frente marchita

Siempre volvemos a los lugares donde alguna vez nos sentimos a gusto, cómodos, donde nos sentimos libres...  Hoy vuelvo al BLOG.
Pasaron tantas cosas estos años... tantas cosas buenas y tantas malas (tantas más).
Tenía muchas ganas de escribir hoy (y desde hace mucho), y no sé si será la música instrumental que puse de fondo, o simplemente porque ya estoy colapsada, pero sea lo que sea, hoy volví. Y es tan agradable...
Antes de comenzar a escribir, estuve leyendo algunas entradas de este Blog, y no puedo creer el talento que tenía para transmitir mis sentimientos al lector; Y que, al leerlos hoy, pudiera volver a sentirlos en el presente, no sólo como recuerdos.

Pero dejemos de hablar del pasado; concentrémonos en el presente.
No sé si vale la pena hacer un resumen de todas las cosas que pasaron desde la última vez que escribí acá. Simplemente porque no me alcanzaría, hasta a mí me aburriría ir contando los hechos en orden. Ni que fueran tan importantes ahora... seguramente otro día podré escribirlas como historias aisladas.

Sin embargo, todo lo pasado, me marcó y me llevó a lo que soy hoy.

Se ve que siempre me encantó volver al pasado, aunque fuera un pasado que no me hiciese bien...
 es por eso que volvió Ezequiel.

¿Cómo pasó? Simplemente la vida.

Estas semanas me estuve preguntando: ¿Para qué? ¿Por qué él regresó a mi vida? (porque claro, todo tiene un motivo, un porque en esta vida... ¿o no?)

Pensé que fue para movilizarme a madurar, a hacer algo diferente en mi vida, a salir de la casa de mis padres de una buena vez (ganas nunca me faltaron).
También pensé que pudo haber sido "una prueba de mi fe" para ver si yo "era fuerte" (idea muy absurda).
Una forma más "romántica" de pensarlo, también fue que él vino a recordarme cómo era sentirse enamorada, porque hacía años que no lo sentía... Creo que desde que él se fue. Lo voy a seguir repitiendo hasta que me muera: Él siempre será mi primer amor, la persona que me enseñó a amar y nunca pude (por ahora) amar a nadie como lo amé a él. (Terrible ¿no?)

Lo que me lamento en este mismo momento, es no haber re leído mi Blog cuando él me volvió a hablar a principio de este año (2018), porque si lo hubiese hecho, seguramente me hubiese costado más confiar en él, y hubiese sido más difícil dar el brazo a torcer.

Me lamento haberle entregado tanto... haberle entregado todo, porque ahora no me quedó nada, más que mi cáscara, mi superficialidad.

Y a la vez, hoy, a pesar de todo, siento paz... No sé por qué. Quizás por que por fin se cerró este capítulo, esta ida y vuelta que siempre tenía encerrado su nombre.
Es decir, me lamento y a la vez no. Porque por algo pasan las cosas... todavía no sé por qué pasó todo, pero quiero tranquilizarme pensando que existe una explicación que ahora desconozco.

Ayer le pedí que no volviera a escribirme ni a mandarme canciones, a menos que tuviera algo para decirme, (al menos que se disculpara), pero... no lo hizo.
Tal vez vuelva a hablarme, porque siempre vuelve, al igual que yo. Sigue siendo muy pronto todo, y a la vez, muy tarde.

Estoy decidida a seguir, sea como sea. 
Soy una chica que suele hacer planes para todo, o por lo menos tenerlo pensado, pero por primera vez en mucho tiempo, me enfrento sin miedo a un futuro que desconozco. No sé qué va a pasar conmigo, no sé qué va a ser de mi corazón... Sólo sé, que todo va a estar bien. Por ahora, es cuestión de seguir mis planes a corto plazo (seguir estudiando la carrera que elegí y que amo, buscar un trabajo y mudarme de casa) que no es menor. El resto de las cosas se van a dar. Tal como la vida me trajo a Ezequiel de vuelta, ella misma se encargará de volvérmelo a traer (Y tal vez vuelva con otro nombre y en otro cuerpo)